Mercosur y Europa: una oportunidad estratégica para Bolivia

Por Ronaldo Terrazas
La Paz, enero 19 de 2026

El reciente acuerdo de asociación entre el Mercosur y la Unión Europea, firmado en Asunción el 17 de enero de 2026 después de más de 25 años de negociaciones, marca un hito en la arquitectura del comercio internacional. El pacto, que crea una de las zonas de libre comercio más grandes del mundo, está diseñado para liberalizar el comercio entre regiones que representan cerca de 780 millones de personas y aproximadamente una cuarta parte del producto interno bruto global. (Mercosur) Para Bolivia, que aún no es miembro pleno del Mercosur pero se encuentra en proceso de adhesión, este escenario configura tanto oportunidades estratégicas como desafíos estructurales que requieren un análisis económico riguroso, basado en hechos y evidencia cuantitativa.

El acuerdo elimina o reduce gradualmente más del 90 % de los aranceles sobre el comercio bilateral de bienes entre el Mercosur y la Unión Europea. (El País Tarija) Esta apertura comercial plantea una posibilidad inédita de acceso preferencial al mercado europeo para exportadores sudamericanos, incluyendo futuros exportadores bolivianos en sectores como productos agrícolas diferenciados, minerales estratégicos o componentes industriales con valor agregado. Al mismo tiempo, las economías europeas —centros globales de tecnología y manufactura avanzada— verán reducidos sus costos de exportación, con una proyección de ahorro de miles de millones de euros en aranceles que estimularía la competitividad de empresas europeas. (European Commission)

La literatura en economía del comercio internacional ha documentado que la reducción de barreras arancelarias tiende a aumentar el volumen de intercambios entre los países signatarios, incrementando la eficiencia productiva y generando especialización de acuerdo con las ventajas comparativas relativas de cada economía. Un análisis global estima que, bajo liberalización completa, los países del Mercosur experimentarían aumentos de productividad y participación en cadenas de valor internacionales, con impactos relativamente más altos que los percibidos en algunos Estados europeos. (EU-LAC Foundation) Sin embargo, estos efectos no son automáticos ni uniformes: dependen de la capacidad de los Estados de adaptar su estructura productiva, infraestructura logística y normas institucionales a las exigencias del comercio global.

En este contexto, para Bolivia, las oportunidades son claras en términos de participación en mercados más amplios. Bolivia tiene un comercio exterior relativamente modesto —en 2024 sus exportaciones sumaron alrededor de 927 millones de dólares y las importaciones casi 999 millones, con un déficit comercial limitado— y un patrón concentrado en minerales y productos primarios. (El Post) El acceso preferencial europeo podría estimular la diversificación de la canasta exportadora si se acompaña de inversiones en valor agregado, certificación de normas sanitarias internacionales y capacidades logísticas eficaces. Sectores como la agroindustria —especialmente productos diferenciados como castaña o quinua— y minería con valor agregado tienen potencial para beneficiarse de este acceso ampliado. (hoybolivia.com)

No obstante, los riesgos y desafíos también son importantes. El acuerdo ha enfrentado oposición en varios países europeos, donde agricultores y sectores sensibles han protestado por el temor a una oleada de importaciones más competitivas que podrían afectar sus ingresos y sus modelos de producción. (The Guardian) Esto evidencia que, incluso bajo un marco de liberalización, los ajustes sectoriales pueden ser costosos y exigir políticas de acompañamiento para amortiguar impactos en segmentos vulnerables. Para Bolivia, un riesgo similar se presenta si sectores poco competitivos —como manufacturas de escala limitada— intentan integrarse en segmentos de alto dinamismo sin mejoras productivas previas.

Además de los retos económicos, existen cuestiones ambientales y sociales que la evidencia empírica subraya como fundamentales en acuerdos comerciales de gran escala. Estimaciones académicas señalan que la liberalización puede implicar presiones adicionales sobre el uso del suelo y los ecosistemas si no se incorporan salvaguardias ambientales robustas. (Wikipédia) Condiciones como adherirse a acuerdos climáticos internacionales o establecer mecanismos de monitoreo ambiental se vuelven relevantes no solo por razones ecológicas, sino también como requisitos técnicos para la aceptación y permanencia en mercados exigentes como el europeo.

Desde la perspectiva técnica, uno de los puntos más relevantes del acuerdo es que no solo reduce barreras arancelarias, sino que también aborda normas no arancelarias, reglas de origen, medidas sanitarias y fitosanitarias, liberalización de servicios e inversión, y cooperación regulatoria. (Wikipedia) Estos componentes son clave: no basta con eliminar aranceles si las exportaciones no cumplen estándares de calidad, procedimientos sanitarios o requisitos técnicos que las economías avanzadas exigen. La experiencia histórica de acuerdos similares, como los de la Unión Europea con Colombia o Perú, muestra que la eliminación de aranceles suele ir acompañada de un aumento gradual en los intercambios, aunque condicionado por las diferencias en normas productivas y capacidades regulatorias de los países sudamericanos. (Wikipedia)

Un aspecto transversal a la evaluación económica es que la participación en este acuerdo no se traduce automáticamente en crecimiento del PIB o empleo, sino que depende de la capacidad institucional y productiva de cada país firmante para aprovechar los cambios de acceso al mercado. Países que han firmado tratados de libre comercio con bloques económicos de mayor escala han visto beneficios moderados cuando sus estructuras productivas internas no pudieron responder rápidamente a la competencia externa o integrar encadenamientos productivos más complejos.

Para Bolivia, que todavía se encuentra en etapas finales de adhesión al Mercosur y no ha formalizado su participación plena en este acuerdo, las implicaciones son mixtas. Por un lado, la adhesión plena abriría ventajas competitivas y acceso preferencial a un mercado de casi 800 millones de personas, con oportunidades para sectores como agroindustria, minería con valor agregado y servicios exportables. (Cancillería) Por otro lado, la competencia internacional, los estándares regulatorios exigentes y la necesidad de políticas públicas robustas para mejorar productividad y proteger segmentos vulnerables constituyen desafíos estructurales que no deben subestimarse.

En el mediano y largo plazo, la forma en que Bolivia articule sus políticas internas determinará en gran medida si este acuerdo puede traducirse en crecimiento sostenido, diversificación productiva y generación de empleo de calidad. La evidencia empírica sugiere que abrir mercados sin fortalecer las capacidades productivas internas puede constituir una oportunidad desaprovechada o, incluso, generar presiones competitivas de difícil manejo. Sin embargo, con reformas que fortalezcan la infraestructura logística, la calidad institucional y la competitividad sectorial, la inserción en esta área de libre comercio birregional podría convertirse en un motor de desarrollo integral para el país.

En síntesis, el acuerdo Mercosur-Unión Europea constituye una oportunidad estructural de inserción internacional para Bolivia, pero su impacto dependerá de políticas internas de soporte, mejoras productivas y la gestión de riesgos ambientales y sociales. Este es un desafío técnico que exige rigor, medición de datos y coherencia política para transformar una posibilidad global en resultados concretos para el desarrollo nacional.